miércoles, septiembre 15

La India Pendencia parte I. Los orígenes.

Pendencia De La Concepción Rico Ruiz vivía en Dolores Hidalgo a finales del siglo XVIII. Según consta en actas, la cosa fue así:

«El veintitrés de septiembre del año del Señor de mil setecientos ochenta y cinco, con licencia del Sr. Dr. y Mtro. D. Juan Ignacio de la Rocha, cura propietario de esta Santa Iglesia, Yo el Sr. D. Ignacio de Zupia, Bapticé a una infante que nació el dieciséis del presente mes, púsele por nombres  Pendencia De La Concepción Rico Ruiz, hija lexítima de lexítimo matrimonio del Sr. D. Espiridión Rico, campesino de esta ciudad y de Da. Eufrosina Ruiz; fue su padrino el Dr. D. Francisco González, Médico de Dolores. Firman Dr. y Mtro. Juan Ignacio de la Rocha y D. Ignacio de Zubia [Rúbricas].»

(n. del a.) El Sr. D. Ignacio de Zubia, Notario local de entonces, escribió años después en sus memorias tituladas “Los Libros y Yo, memorias de un Notario de Dolores”, (Nalgador Sobo Ediciones, vigésimo segunda edición © 2009) el siguiente texto: “respecto a la pobre Pendencia, aclaro aquí que no he sido yo responsable de tan tremendo patronímico, y que me parece un insulto fuera de toda decencia llamar a alguien usando semejante expresión, pero dado que era la voluntad de los progenitores por la Gracia de Dios, no me quedó más que apechugar y omitir mis opiniones, aunque no deseo ser recordado por tener la poca madre de haber puesto ese nombre a tan hermosa niña”

El nombre se debió a que el día que ella nació su papá llegó de trabajar directo a la parroquia a ver a su hija recién nacida. El buen Espiridión hablaba Mazahua y casi nada de castellano –el Mazahua es la lengua de la tribu Mazahua que vivía en la región desde que se llamaba Cocomacán que significa ‘lugar donde se cazan las tórtolas’- y pensó que "pendencia" era el nombre de la matrona que "le había nacido" a su hija –es decir, fue lo único que entendió de toda la frase "señor, su hija está muy bien y está en la dependencia de atrás", que fue lo que le dijeron cuando preguntó dónde podría encontrar a la niña. Osea que la cosa quedó en “Pendencia” en honor a la inexistente matrona, y De La Concepción por aquello del nacimiento… una manera muy autóctona y ciertamente onomatopéyica de rendir homenaje a “la mujer que nace niños”.

Pendencia tuvo una infancia y una vida normales para aquellos tiempos... a  los 12 era una muchacha bajita y de cara dura pero hermosa y el cuerpo torneado por el trabajo diario, el cabello negro comprimido en dos gruesas trenzas larguísimas adornadas con listones de colores, la piel de cobre y un par de ojazos de obsidiana de mirada casi mortal... en días normales solía vestirse con una blusa blanca de algodón con bordados en el pecho, una falda larga negra o café obscuro, y unas sandalias.

Tenía además un genio tal que casi concedía deseos... ya muy chica le tiraba piedras a los muchachos que la molestaban con excelente puntería, y una vez le tiró tres dientes y le rompió la nariz a un pelafustán fuereño que -sin saber en lo que se metía- se atrevió a decirle "mi alma" en el mercado.

El asunto estuvo así: Al pasar entre un puesto de aguacates y uno de piloncillos, Pendencia escuchó el piropo que le lanzó el desafortunado, se detuvo, peló los ojos, se dió la vuelta, centró al tipejo con la mirada, y con un revés que hubiera hecho morirse de envidia a María Sharapova en una final de Wimbledon le estampó al imprudente la canasta llena con el mandado en plena mandíbula, tirándole los dientes... ella siempre dijo que la nariz se la rompió él mismo cuando se cayó al suelo, pero algunos dijeron que Pendencia había dejado la canasta en el suelo, asumido la posición de una experta en jiu-jitsu (que aprendió por correspondencia) y al mejor estilo “joligud” le había recetado un patín de órdago entre ceja, oreja y madre… la lengua popular cuenta que después de tremenda exhibición, ella le dijo “ándele su mercé… vuélvamelo a decir”… el incidente es sólo una de varias "desavenencias" de las que la hicieron famosa.

La combinación "temperamento + jiu-jitsu" hizo que, a pesar de ser muy atractiva, Pendencia no fuera precisamente la muchacha más cortejada del pueblo... eran pocos los que se atrevían a intentarlo por miedo a las lesiones (el IMSS no existía en aquellos tiempos, y no había seguros de gastos médicos mayores)... tan pocos eran los pretendientes que a los 17 años seguía soltera. No parecía importarle, pero en secreto Pendencia estaba hasta las manitas por Lamberto, un buen mozo que además era trabajador y decente y que, aunque se fijó en ella -como todos los jóvenes del lugar- creyó conveniente evitarse el temperamento de enano de blanca nieves con síndrome premenstrual y se decidió por Margarita la hija del tendero, que si bien no era tan guapa y tan entendida, sí tenía un carácter bastante más suave.

Como no había "cortejadores" suficientemente valientes para aguantar vara, Pendencia buscaba qué hacer en sus ratos libres y así se acercó a las monjas de la orden de las Hermanas ‘Sisters Of The Soul’ que tenían un convento-fonda-jardín-hortaliza-spa-boutique en la localidad. Allí aprendió a leer y a escribir, y encontró que ambas actividades eran maravillosas... leer le permitía "ver" lugares que estaban más allá de los cerros y al otro lado del río, y escribir la dejaba poner lo que pensaba en papel y guardarlo... podía guardar lo que escribía y tenerlo para ella... y leerlo de nuevo, una y otra vez.

Al paso del tiempo y dada la falta de pretendientes, por recomendación y con autorización (más bien por resignación) de sus padres, Pendencia pasó a formar parte de la alineación titular de las ‘Sisters Of The Soul’ como “novicia delantera”, es decir, además de la oración se ocupaba de algunas tareas domésticas, en la huerta y en la sacristía, pero su tarea principal era cocinar, arte que dominaba con maestría… lo de “novicia delantera” era porque como los delanteros en el futbol, se hacía guey en casi todo pero metía goles a la mera hora (con los platillos que salían de la cocina). Pendencia encontró que la vida religiosa no era lo suyo, pero como podía leer y escribir en sus ratos libres sin tener que aguantar comentarios de la gente –sobre todo porque había voto de silencio- y sin tener que recurrir a la violencia para apaciguar a alguien, se sentía a gusto.

En aquellos años ya había en el aire un espíritu de pleito... los locales no querían seguir rindiéndole cuentas a los españoles por elementos gachos y porque decían que los criollos eran “ciudadanos de segunda”, y entre los naturales del lugar nadie estaba a gusto con el teatrito porque después de tantos años ya la cosa los tenía a todos un poco hasta el yoyo… cosas de las conquistas mal administradas, les llaman.

Para entonces, Pendencia cocinaba en la Parroquia del pueblo a petición del párroco Don Juan Ignacio de la Rocha (apodado “Juanete” por los amigos), y ahí conoció a un tal Cura Miguel Hidalgo que venía cada tres domingos a dar misa desde el Colegio de San Nicolás Obispo, sito en Valladolid (hoy Morelia) donde daba clases de latín, derecho sacerdotal, teología y computación... aunque la realidad es que venía porque se llevaba de cuartos con el Juanete… les gustaba jugar póquer, dominó y albures y los domingos que Miguelito venía agarraban unas trancas olímpicas después de misa entre comida cocinada por Pendencia y tragos de vino de consagrar con coca cola.

Un día el querido Juanete se cayó de su caballo deportivo por andar queriendo caracolear como charro profesional y quedó tan mal que ya no pudo regresar a ejercer su Sagrado Ministerio. Por esto y a petición de la Arquidiócesis local (y en realidad por falta de personal calificado), Don Miguel pasó de Catedrático del Colegio a Párroco. Pudo haberse quedado en San Diego de la Unión más cerca de las ciudades importantes, pero se mudó a Dolores por varias razones: el alojamiento estaba mejor, la comida de Pendencia era una maravilla, las ‘Sisters Of The Soul’ tenían una sala de hidroterapia de lo más avanzada y en la parroquia había cancha de squash (deporte que estaba ganando adeptos por doquier, y al que el cura se había aficionado).

Recién había llegado a la Parroquia, fue un día Don Miguelito a la cocina siguiendo el aroma maravilloso de pollo con mole verde y ahí estaba Pendencia sudando la gota gorda limpiado frijoles… el padre le preguntó con mucha familiaridad ‘buenas tardes… ¿qué hace que huele tan rico, sor Pendencita?’ ella lo miró como si le fuera a disparar con los ojos y le contestó ‘mire su ilustre mercé, yo le puedo cocinar todo lo que quiera, y le agradezco que me diga que huelo bien, pero si me vuelve a decir “Pendencita” le rompo su madre’… el Cura se quedó frío y a partir de ahí era nada más “Sor Pendencia”, aunque a escondidas la llamaba “La Capitana Pendencia”… también desde entonces empezó Miguelito a llevar un sombrero duro para protegerse de algún objeto volador que pudiera salir de la cocina, lo que le causó una calvicie prematura que todavía hoy se puede ver en los retratos y murales que hay de él.
Tal era el humor y el temperamento de Pendencia en aquellos años en que la rebelión se sentía en la atmósfera.

CONTINUARÁ

martes, septiembre 7

Radioelcamelloreloaded 3.5.1.78

Pues sí...

¿Una versión "reloaded" tan pronto?...

Es que resulta que hoy (no... ayer... es que la diferencia de horarios es un brete) recibí un correo en donde me decían que siguen este blog y que no podían hacer comentarios... y de nuevo me lo dije "me lleva la chingada... esto es imposible"...

Desde luego que por supuesto que para habilitar los comentarios tuve que entrarle con fé, y perder como cinco años en averiguar cómo coño es que se hace eso. Está claro que la fórmula matemática "Tecnología + Nalgador" es igual a cero... qué secuencia de Fibonacci, números primos ni qué un carajo... C-E-R-O. Punto.

Pero ya están... quemé unos cuantos miles de calorías, me inutilicé un montón de neuronas, sudé y menté madres, pero ya están... ahora sí por favor, quien quiera (y eso sólo si hay alguien ahí que lea esto... que son pocos... muy pocos), agarre y deje justa y exactamente lo que quiera decir. Como dijera Don Andrés Soler, "faltaba más, sobraba menos".

Y pues Jaq, a tí que los pediste te agradezco mucho dos cosas: que leas y que agarres y me digas que qué guey soy... a veces es absolutamente necesario ¿ves?.

Pórtense mal, porque está científicamente demostrado que portarse bien no es divertido.

Nalgador.

domingo, septiembre 5

Se fué, y que retiren su número!!!

Estaba yo muy cómodamente sentado hace unos días en la sala de mi casa cuando leí que Germán Dehesa acababa de morir... 'me lleva la chingada", pensé...

Ustedes no lo saben, pero una temporada me escribí con Germán... estaba (uf... todavía estoy) intentando escribir un libro y le pedí que por favor revisara algunos capítulos. Amablemente (se tomó su tiempo, porque tampoco es que fuera el hombre más desocupado) los revisó, me envió algunos comentarios que me fueron muy valiosos y que al final me ayudaron -incluso me animaron- a seguir escribiendo el libro... no sé si cuando termine me atreveré a pedirle a alguien que lo lea y me diga si lo ve como para publicarlo, pero la verdad es que eso es lo de menos ahora mismo... lo que es "de más" hoy es que Germán Dehesa, ése señor flaco, calvo, de lentes, de hablar bajito y de mirada de curiosidad agarró y se murió.

Y quien diga que eso no es una tragedia está majareta. Germán fué escritor, periodista y persona... además fué curioso, medio alquimista y actor... era un tipo que tenía un don maravilloso, y ese don era que siempre dejaba algo... siempre tenía una palabra, un comentario, una sonrisa, un algo que te regalaba y que te ayudaba a aprender, que te dana una perspectiva distinta de las cosas. Dueño de una cultura increíblemente extensa, tenía un estilo de inconfundible que hizo a miles y miles morirse de la risa al tiempo que reflexionar sobre todas y cada una de las cosas que escribió... eso era... Germán simplemente dejaba una parte de sí mismo en casa artículo, en cada libro... en cada letra que salió de su mano hay un poco de su ADN... siempre dejaba algo. La prueba irrefutable de que es así es su frase aquella de 'somos lo que leemos'... además de escribir, Germán leyó, leyó y leyó... y por éso fué quien fué. Hasta con éso nos dejó una enseñanza inmensa... pocas cosas podía uno platicarle de las que no tuviera alguna idea... era increíble. Al final, el cáncer se lo llevó aunque el querido Germán intentó andar de puntitas para escapársele...

Y no contento con llevárselo, el pinche ojete del Sr. Cáncer nos dejó un vacío en la lista de los grandes que va a ser imposible llenar... es más... si (como en los deportes) hubieran números y posiciones para los grandes de las disciplinas no deportivas, yo sería el primero en pedir que se retirara su número y que no se usara más como forma de respeto a su grandeza (digo... si lo hicieron con Michale Jordan en la NBA)... sería el primero en pedir que nunca más hubiera una camiseta que dijera "Germán Dehesa" en la espalda... Y sería el primero en pedir que no sólo se le homenajeara en la Ciudad de México (Marcelo, no entiendo qué haces queriendo organizar un homenaje, si con trabajos sabes leer), sino en el país entero, y sería el primero en pedir que se haga justicia de la buena y se dé su nombre a una biblioteca o a una calle o a algo que haga a los niños dentro de algunos años preguntar "oye apá... ¿quién era Germán Dehesa?"... que se ponga su nombre junto a los de los "hombres ilustres", porque Germán simplemente se ganó a pulso el derecho de ser llamado así... era un hombre ilustre.

Desde aquí pido por favor que nadie se atreva a intentar ocupar un lugar en la historia que le pertenece a este Señor, que por lo menos a mí me llenó el corazón de tantas cosas que no tengo más que agradecimiento sincero. Que nadie se piense capaz de repetir lo que él hizo, y que nadie se crea lo suficientemente preparado para continuar lo que él dejó, porque para eso se necesitaría mucho más que saber y hacer todo lo que Germán sabía y hacía... se necesita ser todo lo persona que Germán fué, y eso está -por lo menos- bien cabrón.

Que retiren su número... yo soy el primero en pedirlo...

A modo de despedida, y como lo escribí en algún otro sitio (con alguna variación): Germán, chinga a tu madre por morirte, porque tu muerte significa que para empezar no voy a tener Gaceta del Ángel, que era una de las cosas que más me hacía sentir cerca de mi país (vivo cerca de casa de la chingada) y para terminar significa que desde hoy y para siempre ya no voy a aprender de la misma forma que lo hacía leyéndote a tí.

Pero que conste que la mentada es sobre todo porque me incomoda... me escuece... me pica... me molesta... me irrita... vamos... me encabrona que gente tan valiosa como tú se muera cuando mi país está que se lo lleva el carajo porque hay ahí cierta cantidad de hijos de la gran chingada que no nada más le siguen dando en la madre, sino que además siguen vivos... y seguramente hasta están muy saludables... ¿qué coño de injusticia es ésta?...

Se los dejo pues. Y si alguien de la familia de Germán lee esto, quiero de antemano dejar claro que -independientemente de la mentada, que es una mentada en toda regla- yo a Germán lo admiro y lo admiraré siempre. Envidia de la buena me dan ustedes que pudieron disfrutar de semejante personaje "en vivo". Un abrazo inmenso y mis oraciones por él que ya no está, pero también por ustedes que se quedan.

'Ai la ven.

Nalgador

martes, agosto 31

El cielo no azul

Así es...

En este sitio en donde vivo, a pesar de que casi nunca llueve -el año pasado llovió 5 veces... sí... 5, y este no ha llovido más que un solo día, que nos pegó un norte y llovió... 10 minutos- el cielo no es siempre azul.

Y me preguntarán... "¿cómo?"... pues fácil... la luz del sol es tremendamente fuerte, y hay un porcentaje de arena en el aire que nubla un poco el cielo, además de que la humedad tan alta crea una especie de nubes "casi transparentes" que también hacen que la cosa esté como que nublada... osea... como fuera de foco...

Pero no es la meteorología de lo que quería escribir, sino del cielo azul... aunque no sea azul... osea, no es ponerse poético, sino decir más bien que una de las cosas que más extraño de otros sitios en los que he estado es el color del cielo, y no lo digo en broma... aquí en donde el cielo tiene un color como "azul con mucho gris" resulta que tampoco hay muchos otros colores... la vista va del "casi azul" del cielo al color arena (en diferentes tonalidades) del desierto, y a pesar de que el desierto es fascinante y tiene una gran belleza exótica, uno termina por empezar a extrañar otros colores... no hay verde, no hay rojo, no hay naranja, no hay esas mezclas explosivas de colores que pueden verse -por ejemplo- en jardines y parques en otros lugares... no hay flores, no hay abejas, no hay nubes, no hay ni madres, pues...

Y la verdad es que extraño todo eso... lo extraño porque después de mucho tiempo aquí me he dado cuenta de que me hacen falta los colores... me hace falta ese montón de sensaciones que despierta un entorno lleno de colores... y por ende, me hacen falta aromas y sabores, y me hacen falta sonidos...

No puedo oler hierba mojada, ni tierra negra, no puedo probar cosas silvestres porque... bueno, porque no hay... y no me entiendan mal con los sonidos... el silencio absoluto del desierto es fascinante y he aprendido a disfrutarlo como pocas cosas, pero si me regreso hacia mi esencia, pues sí... me hace falta escuchar... me hace falta escucharme a mí mismo, y me ha hecho falta por algún tiempo. No confundirse... adoro el silencio (incluso el mío), pero el sentido del oído es una de las cosas que me hacen sentirme vivo en cuanto a escuchar "lo que me llega", y mirar hacia adentro es una de las cosas que me hacen sentirme vivo si se trata de escuchar "lo que me sale".

La pregunta obligada ahora es "¿Y qué coño tiene que ver tu asunto con el cielo azul?"... nada en realidad, pero escribo esto porque en estos años (y en este último mes y medio en especial) me he dado cuenta de que uno puede ser muy bueno para muchas cosas y tener mucha vida y pasársela muy bien y divertirse como loco, pero si hace falta lo esencial -lo que sea que "esencial" signifique, porque imagino que debe ser distinto para cada uno- pues no puede uno sentirse "completo"... no hablemos de felicidad o no, porque no es ese el punto... hablemos de "sentirse bien con lo que uno lleva dentro"... es decir, sentir y saber que todo lo que uno es está ahí, y que está ahí siempre y a toda hora... saber que uno se siente bien y sabe que es porque se quiere y porque se preocupa por sí mismo... y saber sobre todo que uno es libre de ser quien es sin renunciar a nada.

No quiero decir que eso implique no preocuparse por los demás, y sí quiero decir que estando bien con uno mismo, es mucho más fácil estar bien con los demás... es decir, estar bien con uno mismo implica, entre otras cosas, no tener que esforzarse para que otros sepan cuánto significan, para que sepan qué tan importantes son... no tener que pensar todo el tiempo qué es lo que hay que hacer para que otros se sientan cómodos (o cómodas) con nosotros... conmigo. Y para eso necesito, ante todo, saber que estoy bien y que me tengo a mí.

Así que, como pueden ver, el cielo azul es una de las cosas que me hacen sentir vivo, y por eso lo extraño, igual que últimamente me extraño a mí...

Tengo que escucharme, coño...

Ahí se quedan.

Nalgador.

jueves, agosto 26

¿Y cómo?

Pues bueno... yo lo que digo es que en las circunstancias actuales, la cosa vale sombrilla... y me refiero a que por mucho que se intente, no es posible terminar de organizarse para nada, ni con nadie, ni desde ninguna perspectiva...

Léase, esto es un descocole de proporciones astronómicas, que además no parece tener solución alguna, porque ninguno de los invloucrados (as) quiere ceder más que lo mínimo necesario para asegurar que sus intereses están asegurados y tan tan... como si no hiciera falta pensar en que hay muchas cosas alrededor que se ven afectadas por cada una de las decisiones que se toman... que incluso pueden vérselas negras... no hay moral...

Porque si lo vemos detenidamente, mientras nadie quiera ver más allá de lo que le interesa, no va a haber forma... no va a haber avance ninguno...

Así está la cosa de jodida...

Ya me voy...

Se bañan...