domingo, septiembre 19

La India Pendencia parte III. El descubrimiento.

Después de la ‘Academia literaria’, y también después de recoger el tiradero que dejaron porque luego de que terminaron de jugar maratón organizaron un torneo de luchitas  -que ganó la corregidora luego de hacerle ‘foul’ en la final al Teniente Baca con un rodillazo bien dirigido que lo mandó a la lona- Pendencia volvió a dedicarse a lo suyo, es decir, a cocinar para los invitados del Sr. Cura Hidalgo, que ya la había agarrado de puerquito y le tomó gusto a la costumbre de traer al mismo grupo de francachela para desayunar/comer/cenar bastante más seguido… con resultados desastrosos, por supuesto (dicen que un día La Corregidora, ya en puntos muy briagos, de plano confesó que había sido teibolera en Veracruz en sus años mozos, antes de que Don Miguel la conociera, y Don Miguel confesó al mismo tiempo que cuando iba a la Universidad había tenido sus arrimones con la monja que era la miss de canto).

Y un buen día entró el Sr. Cura Hidalgo a la cocina con su mejor cara -mientras Pendencia y la pinche (que no la pinche Pendencia) hervían Jamaica para hacer agua- se sentó en la mesa grande y dijo en su mejor tono: ‘Sor Pendencia… ¿cómo la ve si organizamos una onda gastronómica chida para juntar lana ‘pa la Parroquia?... ya sabe…Vd. cocina el sabadaba, cobramos la entrada,  y como es Vd. tan buena ‘pal asunto, segurito atascamos el lugar y nos hacemos de una feria ¿no?… algo así como un brunch pero no tan elegantioso ni estirado… ¿le late?’. Pendencia lo miró con cara de asesina y le contestó: ‘¿una onda “grastomónica” y un qué chingados?... ¿qué es eso del bronche?… mire, su santísima mercé… no manche, si no hacemos más que partirnos la madre todo el día para que sus invitados y los gorrones que traen sus invitados se atasquen de cuanta madre y le partan la mandarina a la despensa como si fuera la suya de ellos, ya no se pase de rosca y no ande organizando, me cae…’

El Sr. Cura –como buen Cura… ya saben de qué les hablo- le explicó con elocuencia la nueva costumbre americana del brunch: ‘Mire Sor… le explico… el brunch es un anglicismo que viene de la revoltura de las palabras anglosajonas ‘breakfast’ –desayuno – y ‘lunch’ –que es como “el almuerzo’… osea que es como ‘desayunar tarde’… o más bien como ‘comer temprano’… o bueno… algo así… ¿me entiende?’.

Pendencia puso cara de borrego a medio morir y le dijo: ‘mire su divina mercé, no me quiera ver la cara de su taruga con palabras ‘angorajonas’ de que si ‘brecsfas’ y que si ‘lonche’… en esta Parroquia se desayuna a las 6:00 entre semana, ¿y ‘ora me quiere poner a chingarle también los sábados para tener todo listo a las 11:00 para una bola de gentes que me cain regordas?… se lo digo con respeto, su mercé… eso no es cocinar… eso son chingaderas’.

Tres semanas de labor diaria le tomó al Sr. Cura Hidalgo convencer a Pendencia… al final ella aceptó, pero no sin condiciones…  ‘aperciba su mercé: me trae Vd. otras tres pinches, me pone una campana estraitora nueva, nos paga a todas un tratamiento cada dos semanas en el spa de las ‘Sisters Of The Soul’, nos trai ollas de barro con teflón y unas tablas de picar nuevas, y –por la gracia de Dios, Nuestro Supremo Hacedor, y de San Goloteo, Patrono del lugar- nos instala un CD player en la cocina para oír “Pin Floy” porque de estar oyendo cantar al Espergencio (el jardinero) se nos van a caer las orejas un día… y si no, ni un huevo duro, me cai…’ No teniendo opción, el Sr. Cura tuvo que apechugarle, y así quedaron.

Se abrió entonces el “Dolores’ Parish Brunch”, osea “El Brunch de la Parroquia de Dolores”, nombre que después –gracias a unos gringos que acabaron ahí un día que se perdieron mientras andaban turisteando- se quedó en “Mikey’s brunch”, (algo así como “La Lonchería de Miguelito”). Pendencia se organizó un buffet que se servía en el patio de la Parroquia los sábados de 11:45 a 14:45… tamales, quesadillas surtidas, chilaquiles, moles, huevos rancheros, a la mexicana y ahogados (pobres huevos), chicharrón en salsa verde, carnitas, puntas de filete albañil, pan de dulce, café de olla… entraban hartos fondos para la Parroquia y al final el brunch era  –como los hoteles en St. Tropez- un lugar para ‘ver y ser visto’… vamos… ir al  “Mikey’s Brunch” era lo más ‘in’ que había para hacer entre el “jet-set” de Dolores y zonas cercanas… filas de carruajes esperaban para dejar a sus distinguidos tripulantes el día que Su Eminencia Ilustrísima el Sr. Obispo de Valladolid fue a la inauguración oficial a cortar el listón, que era una tira de chorizo rojo de Toluca de 4 metros y medio…

Lo que no le quedaba claro a Pendencia era a dónde iban a parar los fondos, porque el mandado para el buffet se seguía comprando con el dinero que la Arquidiócesis mandaba cada mes… ‘¿padónde irá tanto bilimbique?’ se preguntaba Pendencia… ‘a ver si no nomás está el Sr. Cura juntándose un dinerito y lo está mandando a las Islas Caimán para irse a abrir una escuela de buceo…’ y lo decía con razón…  fuera de una antena parabólica que Don Miguelito mandó poner para agarrar satélite y poder ver una telenovela que estaba muy de moda y que se llamaba ‘El Virrey que yo amé’  (que no podía ver por cable porque era criollo y no le tocaban esos canales)… pos no se veían otros gastos.

Y en una de ésas, un sábado que estaba Pendencia sacando la última charola de sopes rojos con pollo vió cómo Crisóstomo, uno de los monaguillos, agarraba el cajón donde se ponía la feria de los que entraban al buffet y arreaba con él hacia atrás de la iglesia, y pensó ‘escuincle jijo de Santa Claus… ¡se está carranceando los fondos del bronche!... ah no… sobre de mi “caláver” que se los lleva’… y que se arranca a correr detrás del chamaco.

Como el chavo corría más rápido Pendencia se detuvo, tomó una piedra de las muchas que había en el jardín (una redonda como de río), levantó un dedo para medir el viento y con un brazo digno de cualquier jardinero de grandes ligas le tiró la piedra al monaguillo con tan buen tino que le pegó en la merititita maceta, justo antes de que pudiera dar vuelta a la esquina de la sacristía para ir a la parte de atrás, donde estaban las trojes y el almacén… el pobre muchacho nomás levantó las chanclas y fue a dar al piso de puro hocico…

Pendencia corrió y llegó donde el monaguillo estaba tirado sobándose la cabeza con la túnica llena de sangre, lo agarró de los pelos y le pegó cuatro cocos mientras le decía ‘chacho jijo de la ch… a dónde (coco) te llevas (coco) la lana (coco) del bronche (coco)? El pobre niño –que tendría 11 años, pero que conocía la fama de la Sor- le dijo ‘no me mate Sor… no me mate me cai… le juro que nomás iba aquí atrasito’… ‘sí cómo no’ le dijo Pendencia… ‘lo mismito le dijo mi papaíto a mi mamá, y ¿de dónde crees que salí yo?... pero ‘ora vas a ver’…estaba a punto de pegarle otro par de coscorrones cuando llegó el Sr. Cura espantado… ‘¡Sor Pendencia!... ¡Sor Pendencia, por piedad!... no vaya Vd. a lesionar más al buen Crisóstomo, que no ha hecho nada malo!’… ‘¿Cómo que “nada malo”?... ¡si nomás se está llevando la lana del bronche!... pero es que le juro que ‘orita le aplico un correctivo!’ decía Pendencia mientras zarandeaba al monaguillo como si fuera sonaja… ‘No no no no no… ¡pérese Sor!... ¡por favor pérese tantito!’ le decía el Sr. Cura Hidalgo… ‘es que yo le dije que se llevara la caja para allá’…

Pendencia se quedó helada… y terminó de montar en cólera… ‘¡ah!... ¿osea que resulta que está Vd. cepillándose la feria en vez de comprarme un horno de inducción para no tardarme haciendo pan?... ¡’orita va a ver su mercé… madre le va a faltar ‘pa que se la rompa!’...  dijo avanzando hacia el cura recogiéndose las mangas del hábito… ‘¡No, no Sor Pendencia!... déjeme que le explique por Dios! dijo el Cura mientras el monaguillo agarraba a Pendencia del hábito para que no lo alcanzara… ‘de verdad Sor Pendencia… déjeme que le explique’…

Controlando el acceso de furia, Pendencia dijo ‘está bueno… explíqueme su mercé, pero que “costen” que onde no me guste la explicación va usté pidiéndole clemencia a Dios y a San Grabiel, porque nomás van a encontrar pedazos de su mercé repartidos por aquí’… El cura se estaba arreglando el pasacuellos y alisándose el poco pelo que tenía… ‘está bien, pero prométame que no le va a decir a nadie’… ‘sí –contestó ella- no le voy a decir a nadie, pero me explica o al Crisóstomo y a Vd. los dejo como chamarra tamaulipeca’.

El Sr. Cura Hidalgo agarró a Pendencia de la mano y le dijo al monaguillo que vigilara que no los vieran, y se la llevó para atrás de la iglesia –cosa que a Pendencia no le gustó, así que se agachó y agarró otra piedra por si las moscas- y cuando el Crisóstomo le hizo señas al Sr. Cura Hidalgo de que no había tos, el cura sacó una llave de debajo de la pechera, se metió hasta el fondo de la la troje y destapó una puerta que estaba cubierta de forraje, que –por supuesto- Pendencia no había visto nunca… Hidalgo abrió la puerta, le dijo a Pendencia que entrara y bajara por la escalera, entró él y cerró la puerta por detrás… se oyeron unos pasos arriba cuando el Crisóstomo echó forraje encima de la puerta y se fué a seguir echando ojo…

Pendencia no lo podía creer… en una sala había un cofre lleno de pesos de oro, y también habían rifles, machetes, pistolas, cajas de balas… osea pues… un arsenalcito… también había un corazón tallado en una de las vigas de madera de los lados que decía “Pantaleón y Todas”… Pendencia al leerlo se dijo a sí misma ‘mira qué nombre tan feo… ¿quién será la que se llama “Todas” aquí en Dolores?... segurito es su segundo nombre’… pero se sacó el asunto de la cabeza, volteó a ver al Sr. Cura con cara de “no chingues”y le dijo ‘ya no mire tanta tele su mercé… le dije que el “terminetor” ese es de mentiras, ya ni la chinga… ‘ora dígame… ¿qué hace todo este mugrero aquí?’…

El Sr. Cura Hidalgo la miró y le dijo ‘Sor Pendencia… agárrese porque ‘ai le va la mera neta… estas son unas de las armas que estamos juntando para destronar al Virrey que nos tiene jodidos… tenemos más en Querétaro en casa de La Corregidora y las estamos comprando con lo que sacamos del brunch… ¿cómo la ve?’... Pendencia se lo quedó mirando y contestó: ‘pos’… le dijo ella con cara de muy pocos amigos…  ‘la mera verdad es que le voy a agradecer a su mercé que primero me diga qué es destronar, y luego le digo cómo la veo, porque así tan en caliente no tengo ni la más papalotera idea de lo que me está Vd. hablando,  me cae’…

CONTINUARÁ

jueves, septiembre 16

La India Pendencia parte II. La llama.

Los días pasaban para Pendencia cocinando en la Parroquia… salsas, carnes, pescados, chilaquiles, albóndigas, chongos, capirotada y café de olla e infusiones varias… platos y postres iban y venían… su cocina se hizo famosa y el Cura Don Miguelito –aprovechadote como siempre- empezó a invitar a cenar agente importante, personalidades del espectáculo y jugadores de squash famosos… se dice que el mismísimo Harry Houdini se refinó cuatro platos de romeritos con camarón y luego hizo una demostración de escapismo impresionante cuando después de decir que la cocinera se merecía todo su respeto y quizás le propusiera matrimonio tuvo que saltar de la silla para esquivar el cuchillo cebollero que salió de la puerta de la cocina.

Sin embargo, no eran los amigotes del Cura los que llamaban la atención de Pendencia… luego de algunos meses, Don Miguelito empezó a ausentarse seguido para ir a unas reuniones ahí medio raras… y después una tarde –mientras ella cocinaba frijol con puerco yucateco- entró en la cocina diciendo: ‘Sor Pendencia, póngase la del Puebla y hágase unos platos de memelas con chipotle o algo porque unos amigos van a venir a una Academia Literaria que vamos a tener aquí en la Parroquia el próximo viernes’.

‘Academia literaria mis trenzas, qué’ pensó Pendencia… ‘¿cómo va a ser?... ¡si el Sr. Cura no lee más que el ‘Sensacional de Luchas’ y el ‘Capulinita’!… estos pinches lacras segurito son una bola de gorrones que ya agarraron maje para cenar gratis… total, como el presupuesto es de la arquidiócesis…’. Sin embargo, Pendencia se esmeró para ofrecer lo mejorcito de su arte a los amigos del Sr. Cura Don Miguelito cuyo nombre completo –por cierto- era Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte Villaseñor, háganme Uds. el favor.

El caso es que finalmente llegó el viernes, y también llegaron a la Parroquia los invitados… Pendencia diría después en una entrevista concedida al New York Times que no recordaba a todos por su nombre, pero que principalmente se acordaba de unos tales señores Abasolo, Allende, Aldama, Arias y Araujo (auto-denominados “The A Team”, y que luego vendieran al nombre a la CBS para una serie de televisión), y un señor muy chistoso que se llamaba Don Miguel Domínguez y al que le decían " El Corregidor".

También llegaron algunos militares, abogados, industriales, comerciantes, un cura, y –haciéndose notar porque llegó en un carruaje deportivo jalado por ocho caballos y conducido por un negro bien mamey vestido únicamente con botas, puños de camisa, gazné y tanga de leopardo- la Señora esposa del corregidor Domínguez, Doña Josefa, a quien llamaban "La Corregidora" no por el cargo de su marido (Corregidor de la Ciudad de Querétaro) sino porque era peor que una patada en la espinilla… dicen que no dudaba en recetarle un soplamocos doble a cualquier avispado que -bajo su criterio- tuviera a bien pasarse de rosca con lo que fuera. La leyenda decía que hacía dos años había hecho bajarse del caballo a un General de División en uniforme de gala para surtirle tres bofetadas porque su caballo se había tirado un par de pedos frente al palco del regente –donde ella estaba sentada- durante un desfile militar en Querétaro… desde luego la Señora le cayó bien a Pendencia… era su estilo pues.

La cena empezó con sopa de tortilla acompañada de los necesarios aderezos, luego arroz verde muy picante con crema, después hubo mole negro Oaxaqueño –con un toquecito extra de chocolate y aceite de almendra- con pollo y ajonjolí, y frijoles charros… todo convenientemente complementado con tortillas de maíz hechas a mano por la pinche de Pendencia. El postre fue pan de limón con azúcar quemada y chongos zamoranos con canela. Para cerrar hubo café de olla con mucho piloncillo o infusión de manzanilla y menta.

No se pretende insultar a Pendencia llamándola pinche, sino aclarar que a estas alturas tenía una pinche, que es la denominación común para un o una ayudante en la cocina… el pinche es al cocinero lo que el “secretario particular” a los políticos modernos, con la diferencia de que los pinches (y los cocineros) SIEMPRE saben qué es lo que están haciendo, y no como los políticos y sus secretarios, que pasan más o menos el 77% de su tiempo intentando sacarse los mocos con los codos, y el otro 23 están dormidos –fuente estadística, INEGI- (n. del a.)

Y luego de cenar, el Sr. Cura mandó traer unos vinitos de consagrar, unos camotes traídos de Puebla y unos canapés hechos por Pendencia (que luego cedería la receta a ‘El Globo’) para platicar, y no vean… la fiestecita empezó a subir de tono luego de las primeras 14 botellas, y se la pasaron toda la noche jugando maratón, pero de prendas. Para cuando los señores estaban en mameluco y La Corregidora en enagua y corpiño, le tocó a ella quitarse los zapatos y las medias porque no había podido contestar la pregunta que le hizo Allende sobre La Rebelión del Ron en nueva Gales, (tema en boga en aquellos años porque eso de pelearse por unos chupes no era bien visto en “zoociedad”), y realmente la cosa prometía ponerse buena.

Sin embargo, cuando La Corregidora se estaba quitando el zapato izquierdo, Allende le dijo a Aldama ‘no manches… mira brother… qué bonitos pies que tiene La Corregidora, ¿no?’… ella lo escuchó y le lanzó el zapato que le pegó en plena cara y le tiró el Bailey’s mientras se quitaba el otro zapato y se levantaba para ir a pegarle con él un par de mamporros al tal Allende, pero no llegó porque su marido y el Sr. Cura Hidalgo la detuvieron –no sin dificultad, porque La Corregidora había jugado de linebacker en la liga amateur femenil de futbol americano de Querétaro- mientras el primero le decía en son de broma y entre risa y risa ‘no mi alma… no mi vida…pérate mi cielo… no vayas a matar al Lic., dale chance me cae… ya ves que así son estos criollos’.

Con esto último, todos soltaron la carcajada por la broma referida al trato diferencial, arribista y bastante discriminatorio que daban los “Españoles auténticos” a los Criollos (del portugués crioulo, y éste de criar) que es un término utilizado durante la época de la colonia para designar al habitante nacido en América que descendía de padres europeos o de origen europeo.

Sin embargo, uno de los abogados (un Licenciado Parra) escuchó aquello de ‘criollo’ y, como traía 12 o 14 entradas de Absolut con jugo de uva (vulgo ‘moradito’), se sintió como ofendido y empezó a hablar de que como era criollo le decían ‘español de segunda’, y de que como no era nacido en la Madre Patria no le daban buenos trabajos, ni buen sueldo, de que nada más podía tener a 17 de servidumbre y no a 42, de que él pagaba impuestos, pero esos impuestos no se veían aquí, sino que iban a dar a España, que –por cierto- necesitaba la lana porque en aquellos años estaba intentando salir de una crisis económica fuerte y en plena guerra de independencia contra los franchutes.

El Lic. se quejó amargamente de que no le vendían chorizo ni butifarra importados y no tenía derecho más que a medio kilo de morcilla a la semana, que si los huevos que podía comprar como criollo para las tortillas no eran de los mejores, que si él nomás tenía cablevisión de 40 canales y no podía ver el animal planet… vamos, el hombre se quejaba incluso de que el papel de baño de los españoles sí era papel, mientras el suyo era más bien como zacate, y a resultas de eso sentía “colosales” (que significa sentir como que “sales en la cola” por el uso continuado de zacate para asegurar la limpieza de salva sea la parte)… total, que después de como 10 minutos de rollo, empezó a decir que “esto es inaguantable y es contra la Convención de Ginebra (como nadie sabía de tal convención, los invitados pensaron que se trataría de una reunión de destiladores)… habría que levantarse en armas y destronar al Virrey, que tiene a esta Colonia sumida en el desorden, la injusticia y el caos”…

Como nadie estaba muy seguro de a cuál convención se refería el Lic. Parra, y tampoco de lo que significaba “destronar”, hubo varias caras de ‘masinembargo’ y el Sr. Cura Hidalgo –que estaba en calcetas, calzones largos, camiseta, pechera y pasacuellos mientras se tomaba un Martini- le dijo al abogado como queriendo apaciguar la cosa ‘sí ca’n, tienes razón, neta… y me cae que no te preocupes we’… neta que mañana nos levantamos y destronamos al Virrey ese, pero síguele jugando porque te toca, y ya no chupes tanto ¿eh?’

Mientras todo esto pasaba, Pendencia iba a ratos al salón de la Parroquia a recoger los platitos, las tazas de té y las copas… el Teniente Baca se la quedó mirando en una de ésas con cara de “quihúboles”, y pendencia le devolvió una mirada furiosa mientras le mostraba un corcho de botella que traía en la mano al que le estaba dando vueltas como de tornillo, con lo que el Teniente -entendiendo el mensaje- hizo que veía para otro lado y mejor se regresó a la jugada de maratón.

Y mientras iba y venía, Pendencia escuchaba y escuchaba y se decía a sí misma… ‘¡coño!... osea que todo el rollo de que nos train jodidos no nomás es con nosotros, sino que a éstos también los train jodidos sus paisanos que vienen de España… me cae que a este paso va a haber chingadazos, neta’… porque a Pendencia se la habían hecho alguna vez tres soldados españoles que le habían ‘pasado báscula’ afuera de la Parroquia, y -con el pretexto de ver si no llevaba algún arma bajo el hábito- además de pasarle báscula pos aprovecharon y le metieron mano… ‘no os preocupéis, madre, que no os haremos daño siempre y cuando vos accedáis a permitirnos algún roce que –vive Dios- no tiene ninguna mala intención’… a lo que ella contestó ‘no, no me preocupo… rozad lo que queráis pero preocuparos vosotros, porque ahora mismo os voy a dejar como arsantocristo, y os voy partir vuestras madres’… en la trifulca que siguió, le abrió el hocico de un trompón a uno de ellos, le fracturó un pómulo al otro, y un tercero tuvo que ir a conseguir unos hielos para aliviasre del tremendo dolor resultante de la patada que -con maestría, hay que decirlo- le plantó Pendencia en las partes pudendas.

De forma que los españoles no eran precisamente del agrado de Pendencia… incluso había sabido de pleitos con ellos por semillas, habían maltratado a su familia y se decía que le habían dado cuello a los dos hijos del jefe de los Mazahua porque se habían metido en la cantina de Dolores, y como el lugar sólo estaba reservado para españoles, pos la prendieron a balazos con ellos, y les metieron tantas balas en el cuerpo que agarraron una intoxicación por plomo que tuvo resultados tan fatales que de hecho se murieron ambos.

Después de escuchar todo eso, Pendencia comprendió que la cosa era más canija de lo que parecía y con todo el asunto se puso un poco más furiosa de lo normal… la llama acababa de encender…

CONTINUARÁ

miércoles, septiembre 15

La India Pendencia parte I. Los orígenes.

Pendencia De La Concepción Rico Ruiz vivía en Dolores Hidalgo a finales del siglo XVIII. Según consta en actas, la cosa fue así:

«El veintitrés de septiembre del año del Señor de mil setecientos ochenta y cinco, con licencia del Sr. Dr. y Mtro. D. Juan Ignacio de la Rocha, cura propietario de esta Santa Iglesia, Yo el Sr. D. Ignacio de Zupia, Bapticé a una infante que nació el dieciséis del presente mes, púsele por nombres  Pendencia De La Concepción Rico Ruiz, hija lexítima de lexítimo matrimonio del Sr. D. Espiridión Rico, campesino de esta ciudad y de Da. Eufrosina Ruiz; fue su padrino el Dr. D. Francisco González, Médico de Dolores. Firman Dr. y Mtro. Juan Ignacio de la Rocha y D. Ignacio de Zubia [Rúbricas].»

(n. del a.) El Sr. D. Ignacio de Zubia, Notario local de entonces, escribió años después en sus memorias tituladas “Los Libros y Yo, memorias de un Notario de Dolores”, (Nalgador Sobo Ediciones, vigésimo segunda edición © 2009) el siguiente texto: “respecto a la pobre Pendencia, aclaro aquí que no he sido yo responsable de tan tremendo patronímico, y que me parece un insulto fuera de toda decencia llamar a alguien usando semejante expresión, pero dado que era la voluntad de los progenitores por la Gracia de Dios, no me quedó más que apechugar y omitir mis opiniones, aunque no deseo ser recordado por tener la poca madre de haber puesto ese nombre a tan hermosa niña”

El nombre se debió a que el día que ella nació su papá llegó de trabajar directo a la parroquia a ver a su hija recién nacida. El buen Espiridión hablaba Mazahua y casi nada de castellano –el Mazahua es la lengua de la tribu Mazahua que vivía en la región desde que se llamaba Cocomacán que significa ‘lugar donde se cazan las tórtolas’- y pensó que "pendencia" era el nombre de la matrona que "le había nacido" a su hija –es decir, fue lo único que entendió de toda la frase "señor, su hija está muy bien y está en la dependencia de atrás", que fue lo que le dijeron cuando preguntó dónde podría encontrar a la niña. Osea que la cosa quedó en “Pendencia” en honor a la inexistente matrona, y De La Concepción por aquello del nacimiento… una manera muy autóctona y ciertamente onomatopéyica de rendir homenaje a “la mujer que nace niños”.

Pendencia tuvo una infancia y una vida normales para aquellos tiempos... a  los 12 era una muchacha bajita y de cara dura pero hermosa y el cuerpo torneado por el trabajo diario, el cabello negro comprimido en dos gruesas trenzas larguísimas adornadas con listones de colores, la piel de cobre y un par de ojazos de obsidiana de mirada casi mortal... en días normales solía vestirse con una blusa blanca de algodón con bordados en el pecho, una falda larga negra o café obscuro, y unas sandalias.

Tenía además un genio tal que casi concedía deseos... ya muy chica le tiraba piedras a los muchachos que la molestaban con excelente puntería, y una vez le tiró tres dientes y le rompió la nariz a un pelafustán fuereño que -sin saber en lo que se metía- se atrevió a decirle "mi alma" en el mercado.

El asunto estuvo así: Al pasar entre un puesto de aguacates y uno de piloncillos, Pendencia escuchó el piropo que le lanzó el desafortunado, se detuvo, peló los ojos, se dió la vuelta, centró al tipejo con la mirada, y con un revés que hubiera hecho morirse de envidia a María Sharapova en una final de Wimbledon le estampó al imprudente la canasta llena con el mandado en plena mandíbula, tirándole los dientes... ella siempre dijo que la nariz se la rompió él mismo cuando se cayó al suelo, pero algunos dijeron que Pendencia había dejado la canasta en el suelo, asumido la posición de una experta en jiu-jitsu (que aprendió por correspondencia) y al mejor estilo “joligud” le había recetado un patín de órdago entre ceja, oreja y madre… la lengua popular cuenta que después de tremenda exhibición, ella le dijo “ándele su mercé… vuélvamelo a decir”… el incidente es sólo una de varias "desavenencias" de las que la hicieron famosa.

La combinación "temperamento + jiu-jitsu" hizo que, a pesar de ser muy atractiva, Pendencia no fuera precisamente la muchacha más cortejada del pueblo... eran pocos los que se atrevían a intentarlo por miedo a las lesiones (el IMSS no existía en aquellos tiempos, y no había seguros de gastos médicos mayores)... tan pocos eran los pretendientes que a los 17 años seguía soltera. No parecía importarle, pero en secreto Pendencia estaba hasta las manitas por Lamberto, un buen mozo que además era trabajador y decente y que, aunque se fijó en ella -como todos los jóvenes del lugar- creyó conveniente evitarse el temperamento de enano de blanca nieves con síndrome premenstrual y se decidió por Margarita la hija del tendero, que si bien no era tan guapa y tan entendida, sí tenía un carácter bastante más suave.

Como no había "cortejadores" suficientemente valientes para aguantar vara, Pendencia buscaba qué hacer en sus ratos libres y así se acercó a las monjas de la orden de las Hermanas ‘Sisters Of The Soul’ que tenían un convento-fonda-jardín-hortaliza-spa-boutique en la localidad. Allí aprendió a leer y a escribir, y encontró que ambas actividades eran maravillosas... leer le permitía "ver" lugares que estaban más allá de los cerros y al otro lado del río, y escribir la dejaba poner lo que pensaba en papel y guardarlo... podía guardar lo que escribía y tenerlo para ella... y leerlo de nuevo, una y otra vez.

Al paso del tiempo y dada la falta de pretendientes, por recomendación y con autorización (más bien por resignación) de sus padres, Pendencia pasó a formar parte de la alineación titular de las ‘Sisters Of The Soul’ como “novicia delantera”, es decir, además de la oración se ocupaba de algunas tareas domésticas, en la huerta y en la sacristía, pero su tarea principal era cocinar, arte que dominaba con maestría… lo de “novicia delantera” era porque como los delanteros en el futbol, se hacía guey en casi todo pero metía goles a la mera hora (con los platillos que salían de la cocina). Pendencia encontró que la vida religiosa no era lo suyo, pero como podía leer y escribir en sus ratos libres sin tener que aguantar comentarios de la gente –sobre todo porque había voto de silencio- y sin tener que recurrir a la violencia para apaciguar a alguien, se sentía a gusto.

En aquellos años ya había en el aire un espíritu de pleito... los locales no querían seguir rindiéndole cuentas a los españoles por elementos gachos y porque decían que los criollos eran “ciudadanos de segunda”, y entre los naturales del lugar nadie estaba a gusto con el teatrito porque después de tantos años ya la cosa los tenía a todos un poco hasta el yoyo… cosas de las conquistas mal administradas, les llaman.

Para entonces, Pendencia cocinaba en la Parroquia del pueblo a petición del párroco Don Juan Ignacio de la Rocha (apodado “Juanete” por los amigos), y ahí conoció a un tal Cura Miguel Hidalgo que venía cada tres domingos a dar misa desde el Colegio de San Nicolás Obispo, sito en Valladolid (hoy Morelia) donde daba clases de latín, derecho sacerdotal, teología y computación... aunque la realidad es que venía porque se llevaba de cuartos con el Juanete… les gustaba jugar póquer, dominó y albures y los domingos que Miguelito venía agarraban unas trancas olímpicas después de misa entre comida cocinada por Pendencia y tragos de vino de consagrar con coca cola.

Un día el querido Juanete se cayó de su caballo deportivo por andar queriendo caracolear como charro profesional y quedó tan mal que ya no pudo regresar a ejercer su Sagrado Ministerio. Por esto y a petición de la Arquidiócesis local (y en realidad por falta de personal calificado), Don Miguel pasó de Catedrático del Colegio a Párroco. Pudo haberse quedado en San Diego de la Unión más cerca de las ciudades importantes, pero se mudó a Dolores por varias razones: el alojamiento estaba mejor, la comida de Pendencia era una maravilla, las ‘Sisters Of The Soul’ tenían una sala de hidroterapia de lo más avanzada y en la parroquia había cancha de squash (deporte que estaba ganando adeptos por doquier, y al que el cura se había aficionado).

Recién había llegado a la Parroquia, fue un día Don Miguelito a la cocina siguiendo el aroma maravilloso de pollo con mole verde y ahí estaba Pendencia sudando la gota gorda limpiado frijoles… el padre le preguntó con mucha familiaridad ‘buenas tardes… ¿qué hace que huele tan rico, sor Pendencita?’ ella lo miró como si le fuera a disparar con los ojos y le contestó ‘mire su ilustre mercé, yo le puedo cocinar todo lo que quiera, y le agradezco que me diga que huelo bien, pero si me vuelve a decir “Pendencita” le rompo su madre’… el Cura se quedó frío y a partir de ahí era nada más “Sor Pendencia”, aunque a escondidas la llamaba “La Capitana Pendencia”… también desde entonces empezó Miguelito a llevar un sombrero duro para protegerse de algún objeto volador que pudiera salir de la cocina, lo que le causó una calvicie prematura que todavía hoy se puede ver en los retratos y murales que hay de él.
Tal era el humor y el temperamento de Pendencia en aquellos años en que la rebelión se sentía en la atmósfera.

CONTINUARÁ

martes, septiembre 7

Radioelcamelloreloaded 3.5.1.78

Pues sí...

¿Una versión "reloaded" tan pronto?...

Es que resulta que hoy (no... ayer... es que la diferencia de horarios es un brete) recibí un correo en donde me decían que siguen este blog y que no podían hacer comentarios... y de nuevo me lo dije "me lleva la chingada... esto es imposible"...

Desde luego que por supuesto que para habilitar los comentarios tuve que entrarle con fé, y perder como cinco años en averiguar cómo coño es que se hace eso. Está claro que la fórmula matemática "Tecnología + Nalgador" es igual a cero... qué secuencia de Fibonacci, números primos ni qué un carajo... C-E-R-O. Punto.

Pero ya están... quemé unos cuantos miles de calorías, me inutilicé un montón de neuronas, sudé y menté madres, pero ya están... ahora sí por favor, quien quiera (y eso sólo si hay alguien ahí que lea esto... que son pocos... muy pocos), agarre y deje justa y exactamente lo que quiera decir. Como dijera Don Andrés Soler, "faltaba más, sobraba menos".

Y pues Jaq, a tí que los pediste te agradezco mucho dos cosas: que leas y que agarres y me digas que qué guey soy... a veces es absolutamente necesario ¿ves?.

Pórtense mal, porque está científicamente demostrado que portarse bien no es divertido.

Nalgador.

domingo, septiembre 5

Se fué, y que retiren su número!!!

Estaba yo muy cómodamente sentado hace unos días en la sala de mi casa cuando leí que Germán Dehesa acababa de morir... 'me lleva la chingada", pensé...

Ustedes no lo saben, pero una temporada me escribí con Germán... estaba (uf... todavía estoy) intentando escribir un libro y le pedí que por favor revisara algunos capítulos. Amablemente (se tomó su tiempo, porque tampoco es que fuera el hombre más desocupado) los revisó, me envió algunos comentarios que me fueron muy valiosos y que al final me ayudaron -incluso me animaron- a seguir escribiendo el libro... no sé si cuando termine me atreveré a pedirle a alguien que lo lea y me diga si lo ve como para publicarlo, pero la verdad es que eso es lo de menos ahora mismo... lo que es "de más" hoy es que Germán Dehesa, ése señor flaco, calvo, de lentes, de hablar bajito y de mirada de curiosidad agarró y se murió.

Y quien diga que eso no es una tragedia está majareta. Germán fué escritor, periodista y persona... además fué curioso, medio alquimista y actor... era un tipo que tenía un don maravilloso, y ese don era que siempre dejaba algo... siempre tenía una palabra, un comentario, una sonrisa, un algo que te regalaba y que te ayudaba a aprender, que te dana una perspectiva distinta de las cosas. Dueño de una cultura increíblemente extensa, tenía un estilo de inconfundible que hizo a miles y miles morirse de la risa al tiempo que reflexionar sobre todas y cada una de las cosas que escribió... eso era... Germán simplemente dejaba una parte de sí mismo en casa artículo, en cada libro... en cada letra que salió de su mano hay un poco de su ADN... siempre dejaba algo. La prueba irrefutable de que es así es su frase aquella de 'somos lo que leemos'... además de escribir, Germán leyó, leyó y leyó... y por éso fué quien fué. Hasta con éso nos dejó una enseñanza inmensa... pocas cosas podía uno platicarle de las que no tuviera alguna idea... era increíble. Al final, el cáncer se lo llevó aunque el querido Germán intentó andar de puntitas para escapársele...

Y no contento con llevárselo, el pinche ojete del Sr. Cáncer nos dejó un vacío en la lista de los grandes que va a ser imposible llenar... es más... si (como en los deportes) hubieran números y posiciones para los grandes de las disciplinas no deportivas, yo sería el primero en pedir que se retirara su número y que no se usara más como forma de respeto a su grandeza (digo... si lo hicieron con Michale Jordan en la NBA)... sería el primero en pedir que nunca más hubiera una camiseta que dijera "Germán Dehesa" en la espalda... Y sería el primero en pedir que no sólo se le homenajeara en la Ciudad de México (Marcelo, no entiendo qué haces queriendo organizar un homenaje, si con trabajos sabes leer), sino en el país entero, y sería el primero en pedir que se haga justicia de la buena y se dé su nombre a una biblioteca o a una calle o a algo que haga a los niños dentro de algunos años preguntar "oye apá... ¿quién era Germán Dehesa?"... que se ponga su nombre junto a los de los "hombres ilustres", porque Germán simplemente se ganó a pulso el derecho de ser llamado así... era un hombre ilustre.

Desde aquí pido por favor que nadie se atreva a intentar ocupar un lugar en la historia que le pertenece a este Señor, que por lo menos a mí me llenó el corazón de tantas cosas que no tengo más que agradecimiento sincero. Que nadie se piense capaz de repetir lo que él hizo, y que nadie se crea lo suficientemente preparado para continuar lo que él dejó, porque para eso se necesitaría mucho más que saber y hacer todo lo que Germán sabía y hacía... se necesita ser todo lo persona que Germán fué, y eso está -por lo menos- bien cabrón.

Que retiren su número... yo soy el primero en pedirlo...

A modo de despedida, y como lo escribí en algún otro sitio (con alguna variación): Germán, chinga a tu madre por morirte, porque tu muerte significa que para empezar no voy a tener Gaceta del Ángel, que era una de las cosas que más me hacía sentir cerca de mi país (vivo cerca de casa de la chingada) y para terminar significa que desde hoy y para siempre ya no voy a aprender de la misma forma que lo hacía leyéndote a tí.

Pero que conste que la mentada es sobre todo porque me incomoda... me escuece... me pica... me molesta... me irrita... vamos... me encabrona que gente tan valiosa como tú se muera cuando mi país está que se lo lleva el carajo porque hay ahí cierta cantidad de hijos de la gran chingada que no nada más le siguen dando en la madre, sino que además siguen vivos... y seguramente hasta están muy saludables... ¿qué coño de injusticia es ésta?...

Se los dejo pues. Y si alguien de la familia de Germán lee esto, quiero de antemano dejar claro que -independientemente de la mentada, que es una mentada en toda regla- yo a Germán lo admiro y lo admiraré siempre. Envidia de la buena me dan ustedes que pudieron disfrutar de semejante personaje "en vivo". Un abrazo inmenso y mis oraciones por él que ya no está, pero también por ustedes que se quedan.

'Ai la ven.

Nalgador